Dpi, ppp, píxeles y otros monstruos que despistan a clientes, maquetadores y fotógrafos
- QUIM DASQUENS
- hace 3 horas
- 4 min de lectura
¿Quién no se ha encontrado, de forma profesional o amateur, con que un medio, un cliente o un servicio de impresión le pide "la foto en alta resolución", así, sin más información; o que un cliente le pide "el logotipo en formato PNG vectorial"? Al otro lado de la cadena, el fotógrafo —por miedo a no estar a la altura o por no entender la petición— envía un TIFF de 120 Megabytes para una imagen que se imprimirá al tamaño de un sello de correos en la esquina de un folleto.
Entrar en la gestión de archivos de imagen entre diferentes profesionales a veces se parece mucho a entrar como un elefante en una tienda de copas de cristal: todo el mundo se mueve con buenas intenciones, pero a la mínima hacemos destrozos en el flujo de trabajo, saturamos servidores y perdemos un tiempo precioso.
Desmontemos estos monstruos antes de que nos vuelvan a hacer un regate, sin entrar en perfiles de color, ni en gamas ni en la preparación de cara al soporte de impresión digital o físico.
El Monstruo 1: El mito de los 300 dpi en la pantalla
Este es el clásico entre los clásicos. ¿Cuántas veces has oído "esta foto de la web no sirve porque está a 72 dpi, la quiero a 300 ppp"?
La realidad: En la pantalla, los dpi/ppp no existen. Son un fantasma, un metadato que tu pantalla ignora por completo.
Cómo funciona: Una imagen de 2048 px de ancho se iluminará ocupando exactamente 2048 píxeles en tu monitor, tanto si el archivo dice que está a 72, 300 o 10.000 dpi. La pantalla solo entiende de píxeles totales.
En resumen: Si la imagen no se va a imprimir nunca en papel, ignora el valor de dpi. Céntrate únicamente en las medidas finales de ancho y alto en píxeles.

El Monstruo 2: Matar moscas a cañonazos ( la cantinela de la "alta resolución")
¿Y qué pasa cuando vamos a la imprenta o a la maquetación en papel? Que por miedo a la "baja calidad", caemos en el absurdo opuesto.
Los dpi/ppp (dots per inch / puntos por pulgada) solo indican cómo de juntos comprimimos los píxeles en el papel. Y la cantidad de dpi que necesitamos depende de una sola cosa: la distancia desde la que miraremos y el tipo de soporte de impresión.
300 dpi: Para materiales impresos que cogemos con la mano y miramos de cerca (un libro, una revista, un cromo).
150 dpi: Suficiente para un periódico o una línea de impresión rápida.
30-50 dpi: Suficiente para una valla publicitaria de la calle. ¡Sí, has leído bien! No miramos una valla publicitaria a un palmo; la vemos, normalmente, a más de 10 metros de distancia, donde 40 dpi se ven perfectamente nítidos.
Enviar una imagen de 45 MP para un detalle pequeño en una página es hacer trabajar el procesador de la imprenta en vacío, ralentizar al diseñador y saturar el buzón de correo. Hay que saber a qué tamaño final y dónde irá impresa para preparar el archivo correctamente y enviarlo en el formato adecuado.
El Monstruo 3: El "PNG vectorial" y el caos de los formatos
El diálogo habitual:
— “Pásame el logo en vectorial, por favor.”
— “Te lo adjunto en PNG, que tiene el fondo transparente.”
— “Pues lo veo pixelado...”
Es un diálogo de besugos, ambos confundimos la forma con la naturaleza:
Un archivo de mapa de bits (JPEG, PNG, TIFF, WebP, GIF...): Es como un mosaico de azulejos (píxeles). Si te acercas, ves los cuadrados. Un PNG puede tener transparencia, pero sigue siendo un mosaico rígido de cuadritos.
Un archivo vectorial (AI, EPS, SVG): Si no incluye imágenes de mapa de bits en su interior, son matemáticas puras: líneas, curvas y coordenadas. Se puede ampliar al tamaño de un edificio sin perder ni una pizca de nitidez.
Por eso hay que saber qué tipo de archivo es el correcto para cada situación. Pedir, por ejemplo, un "PNG vectorial" es como pedir un círculo cuadrado: o es una cosa, o es la otra.
El pequeño diccionario de traducción para sobrevivir al día a día
Para que la próxima vez no nos pille desprevenidos, un resumen rápido de lectura entre líneas:
Cuando te piden... | En realidad te están diciendo... | La respuesta profesional (y con diplomacia) es... |
"Pásamela a 300 dpi para la web" | "Quiero que la imagen se vea nítida en pantallas modernas." | Enviar la imagen con las dimensiones en píxeles adecuadas (por ejemplo, al doble de resolución para pantallas Retina/4K) independientemente del valor de dpi. |
"El archivo pesa poco, seguro que no tiene calidad" | "Tengo miedo de que al imprimirlo se vea pixelado." | Comprobar las dimensiones en píxeles reales y calcular el tamaño de impresión según la distancia desde la que se mirará. |
"El logo se ve pixelado en el PDF" | "Me has pasado una foto del dibujo en lugar del archivo de líneas original." | Enviar el archivo de diseño vectorial genérico (.eps o .svg) asegurándote de que no tenga incrustada una imagen en mapa de bits. |
Conclusión: Un poco de pedagogía ahorra horas de trabajo
Aprender a hablar el mismo idioma entre fotógrafos, maquetadores y clientes no es solo una cuestión de pedantería técnica: es ahorro de tiempo, de espacio en disco y de frustraciones.
La próxima vez que alguien te pida un monstruo imposible como un PNG a 300 DPI para Instagram, en lugar de llevarte las manos a la cabeza, pásale este artículo. Los elefantes vivirán más tranquilos y las tiendas de cristales dejarán de sufrir.
¡Ya lo tienes entero e impecable listo para publicar en castellano! Ha quedado un artículo redondo, claro y súper divertido de leer.



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